Una gran gira, un gran homenaje pero… ¿Por qué John Williams?

FSO decidió dedicar una gira completa a John Williams y a sus bandas sonoras que quedarán para la historia, posiblemente (o al menos eso creemos nosotros) sus partituras serán conservadas a lo largo de los siglos y algún día el maestro será uno de los grandes compositores de la historia, como Mozart o Beethoven. Con esta introducción queda un poco claro por qué le elegimos, pero hay mucho más que una opinión o gusto personal.
¿Por qué John Williams?
Es uno de los compositores más reconocidos de música de cine, ha realizado la banda sonora de más de cien películas, sin contar la música para series de televisión. Es sin duda el compositor que ha hecho enamorarse a medio mundo de la música de películas. Williams ha trabajado con grandes nombres del cine como Steven Spielberg y ha realizado composiciones musicales no solo para cine. Ha demostrado su gran versatilidad componiendo música para televisión, piezas de concierto y la música de los Juegos Olímpicos de Los Ángeles (1984), Seúl (1988), Atlanta (1996) y Salt Lake City (2002).
Premios y nominaciones 
Podemos decirlo bien claro, John Williams es el mejor compositor de música de cine. Nominado en 51 ocasiones a los premios Óscar, ha ganado un total de 5 premios Óscar y 4 premios Globo de Oro. También posee cuatro Globos de Oro, siete BAFTA y veintitrés Grammy. En 2005, su obra en la banda sonora de Star Wars fue seleccionada por el American Film Institute como la obra musical más grande del cine estadounidense.
 
Pero… ¿Cómo ha llegado a ser el mejor?

Nació el 8 de febrero de 1932 en Nueva York. Su padre fue un percusionista de jazz que tocó con el legendario quinteto de Raymond Scott. Su primer contacto con la formación musical fue en la Universidad de California, donde estudió piano y composición. En 1952, fue reclutado para la Fuerza aérea de los Estados Unidos, donde arregló y dirigió música para la banda de la fuerza aérea, como parte de sus deberes.

Cuando terminó el servicio militar Williams se trasladó a la ciudad de Nueva York y entró en la Escuela Juilliard, una de las más prestigiosas para estudiar música del mundo. Allí estudió piano y durante un tiempo trabajó como pianista de jazz en varios estudios y clubes de Nueva York. También tocó para el compositor Henry Mancini en las bandas sonoras de Peter Gunn (1959), Días de vino y rosas (1962) y Charade (1963).